A la unidad de parkinson

Porque resulta que en Mallorca hay una unidad de Parkinson. Tres años después nos enteramos y gracias a que la doctora sustituta nos dijo que podía derivar a mi padre a esa unidad. Y a la de memoria, por sus problemas con los nombres.

La doctora, una mujer joven y de lo más agradable, examinó a mi padre: temblores en manos, rigidez, vida diaria… Lo encontró bastante estable. Aproveché para comentarle sus problemas con los sueños vívidos y la confusión que tiene a veces al despertarse. Nos comentó que era algo normal, siempre y cuando sea algo temporal y al cabo de cierto tiempo distinga sueño de realidad. Mientras tanto, debemos intentar que no se ponga nervioso. Cómo? ni idea

Como ya he comentado, cuando mi padre le dijo que a veces le costaba decir palabras o nombres, la doctora decidió derivarle a la unidad de memoria. Sus sospechas son que es culpa del parkinson, pero dada la edad de mi padre (82 años) no puede descartar otras cosas, y desde la unidad de memoria seguro que pueden confirmarlo y ayudarle más.

Lo importante, que vamos directos a la unidad de parkinson. A saber cuando, porque ya nos avisaron que eso va lento. Pero el hecho de que unos especialistas en la materia se encarguen de mi padre, me deja más tranquila. A él no, la verdad, porque está convencido de que van a hacer experimentos con él. Tenemos unos cuantos meses para convencerle.

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Le cuesta decir nuestros nombres

Mi padre siempre ha tenido problemas para recordar el nombre de las personas, como otra mucha gente, yo incluída. Pero ahora los nombres que se le resisten son los nuestros.

Los sabe, no es que se le hayan olvidado. Es como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua y no te sale. Sabes que la sabes, pero no eres capaz de decirla. Y eso es desesperante.

Y lo peor es que se obsesiona. Normal. Yo también le daría mil vueltas si no fuera capaz de decir a veces el nombre de mi mujer y de mis hijas. El de la calle, pase, pero el de la familia le está dando muchos dolores de cabeza. Menos mal que la semana que viene vamos al neurólogo, y es uno nuevo que a lo mejor explica algo.

Por lo pronto él ha buscado remedio apuntando nuestros nombres en una libretita y cuando no se acuerda, la saca y los lee. Y mi hermana, que es profesora, va a hacer con él un árbol con fotos y los nombres, para que lo tenga a la vista.

El problema es que se pone nervioso, y va a peor. Como a todo el mundo, la memoria le falla más si está de los nervios. Es un círculo vicioso. Ayer mi madre acabó quitándole la libretita de la mano porque estaba todo el rato mirándola y repitiendo: Margalida Avellá Margalida Avellá…

Mi madre y yo guardamos las formas, pero verle así, nervioso y asustado, llorando porque le da miedo olvidarse de nosotras nos hunde hasta el fondo y lo sobrellevamos como podemos. Espero que la visita al neurólogo ayude.

Cambio de médico

Pues eso, que toca cambio de neurólogo. El que tenía mi padre se ha puesto enfermo, y debe ir para largo porque nos han dicho que ya no volverá. Así que le han asignado uno nuevo. A ver qué tal.

Ya han pasado los reyes magos, pero sería bueno pedirles un o una especialista que sepa tratar a los enfermos, que se preocupe por ellos y que explique las cosas. Que les haga caso cuando le digan algo y que ponga más fácil el contacto fuera del momento de la consulta. Ah, y que dé pistas a los familiares para cuidar al enfermo.

Pido demasiado?

El susto de la semana

A este paso, el blog va a tener que cambiar de nombre y ponerle “vaya semanita”, porque no salimos de una que nos metemos en otra.

Esta vez el susto fue mayúsculo. Mi madre perdió a mi padre. Literalmente.

Volvían de comer fuera, porque los dos estaban bien, y aprovechando el día festivo, las dos hijas teníamos compromisos (yo a cinco minutos de casa que ya no me fío ni un pelo). La cuestión, que acababa de tomar el postre y me llama mi madre desesperada, que mi padre ha perdido las tarjetas en el autobús y se ha ido corriendo detrás del bus y que no lo encuentra.

Podéis suponer que salí corriendo del restaurante, la recogí (porque le mandé que se estuviera quieta, que si no la perdemos a ella también) y a seguir la ruta del bus arriba y abajo. Mi madre desesperada diciendo que seguro que se había subido al bus, yo de los nervios, aviso a mi hermana y a mis amigos para que nos ayuden.

En poco menos de una hora desde que mi madre lo pierde, me llaman unos amigos que mi padre está delante de casa buscando a mi madre.

La verdad es que no tengo muy claro a cual de los dos le falla más la cabeza, pobres. Porque mi padre tuvo bien claro que no iba alcanzar al bus y se fue a una parada en sentido contrario a esperarlo (su razonamiento era más largo y tenía algunas lagunas, pero en resumen era correcto y de hecho, recuperó las tarjetas). Y según él le había dicho a mi madre que era lo que iba a hacer y que no se moviera. Según mi madre, él salió corriendo detrás del bus y sólo decía “mis tarjetas, mis tarjetas”.

Supongo que hubo una mezcla entre las dos versiones.

El susto fue enorme. Yo aguanté el tipo hasta que llegué a mi casa que lloré como una magdalena, y la verdad es que tengo el miedo metido en el cuerpo y estoy pendiente del móvil todo el rato. Mi hermana se plantea tenerlos en un centro de día, yo dudo si es buena idea o no, porque los cambios a mi padre le sientan fatal y encima tiene muy mala concepción de estos sitios. Lo que sí vamos a hacer es hablar con la doctora de cabecera, esta vez sobre la memoria de mi madre, a ver qué sacamos en claro.

Es complicado tener a alguien en la familia con tantos años (más de 80 los dos), y con problemas cognitivos, sean por el parkinson o no. Creo que para reyes me voy a pedir un saco de paciencia infinita para mí y otro para mi hermana

El test de deterioro cognitivo

Pues al final se lo han hecho. Antes de que fuera a la doctora de cabecera de mi padre en su nombre, para hablar de sus problemas, ésta ya se ha dado cuenta y le ha mandado un test.

El lunes pasado acompañé a mi padre a la enfermera y le hizo un “examen sorpresa”. Nombre, día, situación geográfica y temporal, sumas, restas, dibujo, repeticiones de palabras y series… y no lo hizo mal. Tenía un buen día. De hecho, confirmé que es mejor en cálculo mental que yo. Eso sí, no fue capaz de recordar el mes ni la estación del año, y algunas preguntas no las entendía.

Cuando el jueves fuimos a la doctora para ver qué tal los resultados, nos soltó un “para su edad está bien”. Comentario que prefieres tomártelo en positivo en vez de pedir explicaciones, porque están tus padres delante y no sabes cómo se lo van a tomar. Y porque bastante tenemos ya.

Lo que sí hice fue comentarle lo de los sueños vívidos, que no le dejan vivir tranquilo, valga la redundancia. Y tampoco saqué mucho, salvo que los médicos de cabecera no pueden hablar con el especialista y que si queremos adelantar la cita, que llamemos nosotros.

Lo positivo de la cita con la doctora es que mi padre se ha calmado un poco y duerme un poco mejor, y que la mujer sabe como tratar a las personas mayores: les habla tranquilamente, no les dice palabras raras y les deja hablar aunque lo que le cuenten no tenga nada que ver con el dolor.

Sueños vívidos y sus consecuencias

El post iba a llamarse menuda semanita segunda parte, pero he preferido poner un título más explicativo. Mi padre está pasando una racha de sueños vívidos a lo bestia. Con todo lo que eso implica.

Pero primero lo primero. Qué son los sueños vívidos? Pues en lenguaje que entienda todo el mundo, son sueños normales y corrientes (buenos, pesadillas, lo que sea) pero que al soñador en cuestión le parecen de lo más reales, y cuando despierta no es capaz de diferenciar si han sido un sueño o no.

Además, hacen los movimientos del sueño mientras están dormidos. Por ejemplo, que sueñan que están en un partido de fútbol, pues venga a dar patadas. Si es un combate de boxeo, entonces tocan puñetazos. Con lo que implica todo ese movimiento en la cama, muchas veces compartida.

En el caso de mi padre, esta última semana ha soñado con su madre, cosa que le provocó un cacao mental de campeonato. Yo le recordaba que la abuela estaba muerta hace ya 20 años, y él me decía que ya lo sabía, pero al cabo de 5 minutos estaba diciendo que no había que dejarla sola. Otro sueño que no conseguía diferenciar de la realidad fue que le habían llamado para hacer la mili, con 82 años!!! Pues al despertar estaba todo enfadado porque creía que habíamos sido nosotros que le habíamos apuntado. Y que lo había pasado muy mal. Y cuando digo enfadado, es enfadado de verdad.

Y ahí está el otro problema. Que se enfada con mi madre por cosas que la pobre no ha hecho, sino que él las ha soñado. Es capaz de insultarla dios sabe por qué, hasta que se de repente se da cuenta que no tiene sentido. Pero ese “de repente” puede dilatarse mucho en el tiempo. Y la paciencia de mi madre no creo que sea infinita, sobre todo porque acaba exhausta por no poder dormir bien de noche.

Así que ya que ellos que le dicen nada al médico de cabecera (mi padre porque no quiere y mi madre por no llevarle la contraria), el jueves me voy a plantar en el médico y le voy a contar lo que le pasa, a ver si nos adelantan la visita al neurólogo.  A lo mejor necesita un cambio de medicación o un reajuste en las dosis. Al principio le pasaba algo parecido y con un cambio en las dosis se calmó.

Porque no puede ser que tengamos que aguantar esto hasta marzo, que es cuando tiene hora. Ni él aguantará en condiciones, porque no descansa cuando duerme, ni deja dormir a mi madre, ni está nadie tranquilo porque no sabemos cómo va a reaccionar la próxima vez que se despierte.

 

Cuando el problema se multiplica

Mis padres se están haciendo mayores. 82 él, a punto de los 81 ella. Él con parkinson. Ella, olvidando cada vez más cosas. Los dos con problemas para aguantarse las ganas de ir al baño. Los dos cansados de enfrentarse a todo lo que tienen. Están irritables, asustados. Ven que ya no son lo que eran y no quieren descargarse en nosotras. Con mi hermana no tienen la suficiente confianza, vete a saber por qué. Conmigo se hacen los fuertes con la excusa de que yo también estoy enferma.

Pero los veo sufrir. Veo como discuten y luego vienen:tu madre mira como me trata… Tu padre se enfada por cualquier cosa…

Yo intento explicarle a mi madre que no le haga mucho caso, que es por el parkinson. Y a mi padre le digo que tenga paciencia, que ella también se vuelve mayor.

A veces no pueden más y lloran. Y a mí se me rompe el alma cuando los veo. Pero tengo que aguantar, calmarlos y llorar cuando llego a mi casa. Cuando estoy sola.

Ayer mi hermana me decía que habrá que llevarlos a un centro de día cualquier día de estos. A ver quién les convence, pensé yo. Va a informarse sobre ayudas sociales.

Por lo pronto, todavía les podemos dejar solos por la mañana. Ir a comprar y hacer la comida le da la vida a mi madre, y mi padre va al parque a pasear con el perro y ve a sus amigos. Pero sabemos que algún día el parkinson evolucionará, o lo que sea que tenga mi madre también, y nos tendremos que enfretar a ello.

Solo espero que llegado el día tenga las fuerzas suficientes.