El susto de la semana

A este paso, el blog va a tener que cambiar de nombre y ponerle “vaya semanita”, porque no salimos de una que nos metemos en otra.

Esta vez el susto fue mayúsculo. Mi madre perdió a mi padre. Literalmente.

Volvían de comer fuera, porque los dos estaban bien, y aprovechando el día festivo, las dos hijas teníamos compromisos (yo a cinco minutos de casa que ya no me fío ni un pelo). La cuestión, que acababa de tomar el postre y me llama mi madre desesperada, que mi padre ha perdido las tarjetas en el autobús y se ha ido corriendo detrás del bus y que no lo encuentra.

Podéis suponer que salí corriendo del restaurante, la recogí (porque le mandé que se estuviera quieta, que si no la perdemos a ella también) y a seguir la ruta del bus arriba y abajo. Mi madre desesperada diciendo que seguro que se había subido al bus, yo de los nervios, aviso a mi hermana y a mis amigos para que nos ayuden.

En poco menos de una hora desde que mi madre lo pierde, me llaman unos amigos que mi padre está delante de casa buscando a mi madre.

La verdad es que no tengo muy claro a cual de los dos le falla más la cabeza, pobres. Porque mi padre tuvo bien claro que no iba alcanzar al bus y se fue a una parada en sentido contrario a esperarlo (su razonamiento era más largo y tenía algunas lagunas, pero en resumen era correcto y de hecho, recuperó las tarjetas). Y según él le había dicho a mi madre que era lo que iba a hacer y que no se moviera. Según mi madre, él salió corriendo detrás del bus y sólo decía “mis tarjetas, mis tarjetas”.

Supongo que hubo una mezcla entre las dos versiones.

El susto fue enorme. Yo aguanté el tipo hasta que llegué a mi casa que lloré como una magdalena, y la verdad es que tengo el miedo metido en el cuerpo y estoy pendiente del móvil todo el rato. Mi hermana se plantea tenerlos en un centro de día, yo dudo si es buena idea o no, porque los cambios a mi padre le sientan fatal y encima tiene muy mala concepción de estos sitios. Lo que sí vamos a hacer es hablar con la doctora de cabecera, esta vez sobre la memoria de mi madre, a ver qué sacamos en claro.

Es complicado tener a alguien en la familia con tantos años (más de 80 los dos), y con problemas cognitivos, sean por el parkinson o no. Creo que para reyes me voy a pedir un saco de paciencia infinita para mí y otro para mi hermana

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